Esta exposición, que se exhibe actualmente en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, es una reflexión sobre la carga simbólica que las personas dan a los objetos, en este caso el artista recurre a arte- objetos para establecer un diálogo alrededor  de las piezas, que las vincule con la práctica devocional que las personas profesan hacia ciertos objetos.

Esa dimensión sagrada se retrata en los objetos identificados como de culto, y con lo cual recorre los conceptos de lo mágico religioso, entre ellos por ejemplo, considera el axis mundi o centro del mundo que a través de diversas culturas, se a asociado con el Árbol cósmico (ejemplo Fig. 1), y es por medio de éste y de los otros objetos de culto, que el ser humano se comunica con lo que concibe como divinidad. Esa conexión entre lo sagrado y lo profano se expresa especialmente en las reliquias, considerados objetos únicos que debían ser resguardados y adorados, por pensarse como una manifestación directa de lo sagrado aquí en la tierra (Fig. 2).

La muestra al igual que los objetos de culto se dividen en: íconos, reliquias, talismanes y amuletos, ídolos o figuras votivas, cetros, ofrendas, y exvotos. Esas definiciones o distinciones entre los objetos de culto, comparten la característica de haber adquirido la sacralidad a través de la singularización, estableciéndose una distinción entre las piezas y lo profano.

Pero es el proceso de creación de los objetos ahora expuestos por Poveda, lo que invita a la reflexión entorno a la manifestación de lo sagrado. En el trabajo de Poveda, la elaboración de los objetos de culto implicó un proceso que comenzó desde los años 60, y el cual consiste en una combinación de objetos encontrados, de desecho y otros materiales industriales, metales y maderas.

Todos esos materiales están vinculados con el consumo masivo y el hecho de que estén compuestos por objetos desechados, implica que estos ya tuvieron una historia, en la que no se contempló la posible dimensión mágico religiosa que ahora le confiere y revela el artista. De esta manera la sacralidad que había permanecido oculta en los objetos profanos, ahora se manifiesta en las obras de arte. Los  objetos se exhiben distantes de nosotros, pero dejan de estar ocultos y ser simples objetos, para transformarse en objetos de culto. A su vez ellos se muestran distantes del mundo que los rodea, lo cual es muy evidente en las figuras votivas y los ídolos, por ejemplo con el Santo Malandro (Fig. 3) que está protegido por una caja de vidrio; esta pieza refiere al culto que profesan algunas personas en Venezuela, en donde se adoran este tipo de figurillas o esculturas que recuerdan a un grupo de delincuentes de la década de los años 60.

En esta medida es posible re-interpretar también la visita a exhibiciones artísticas, esta vez por su paralelismo con lo religioso y  lo ritual. A la hora de la visita al museo, nos sometemos a una reducción de nuestra conducta a una serie de normas, bajo las cuales ingresamos a un museo:  hacemos silencio y tratamos de entender las imágenes a partir de los planteamientos que se nos proponen. Esta es una predeterminación cultural, y una jerarquización establecida desde la institución del arte como el museo por sobre el espectador. El paralelismo es evidente con las practicas rituales o religiosas, esto se hace evidente especialmente en la postura que tomamos al contemplar las obras de arte;  incluso cuando miramos las obras orgánicas y abstractas de Poveda,  es imposible evitar identificar personajes a manera de trampantojo. Tómese por ejemplo el juego que ofrece una obra como Ícono #1 (Fig. 4) en la que el espectador se ve tentado a reconocer en ella una Virgen[1].

Lo anterior sintetiza de alguna forma lo que la muestra expresa en general. La exposición sin duda termina invitando al espectador a reflexionar en torno al fenómeno religioso, también sobre las manifestaciones de lo sagrado y la constante dualidad a la que se enfrenta el ser humano entre lo sagrado y lo profano.

 

-Ericka Solano Brizuela-

 


[1] Son muchas las representaciones de Vírgenes a través de la Historia del Arte, pero para efectos de este ejercicio posiblemente sea pertinente mencionar a la Virgen de Vladimir (Fig. 5) como ejemplo. Esta pintura Bizantina (de la que se conserva principalmente el rostro de la Virgen y el Niño)se convirtió en el ícono ruso más relevante de la Edad Media, no solo por lo venerada que fue sino también por qué para muchos artistas rusos la composición de este ícono fue su modelo, y a esta tradición se le llamó Eleusa. Actualmente se encuentra en The State Tretyakov Gallery (http://www.tretyakovgallery.ru/en/collection/_show/image/_id/2216)

Fig. 1. Árbol de pochote, materiales diversos, 2010.

Fig. 2. Reliquia #2, materiales diversos, 2010.

Fig. 3. Santo malandro, materiales diversos, 2008.

Fig. 4. Ícono #1, materiales diversos, 2010.

Fig. 5. Virgen de Vladimir, artista desconocido, témpera sobre madera, siglo XII.

-Ericka Solano Brizuela-

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