Entrevista a Emanuel Rodríguez artista plástico y participante de Destaparte, exposición que se está mostrando actualmente en el Museo de Arte Costarricense, y cuya discusión queremos retomar en estos días.

Mauricio: ¿Cómo llega a estar dentro de la Exposición?

Emanuel: Así está el arroz, lo que hicieron fue llamarnos, una señora que se llama Ana Victoria Garro (artista y cuenta cuentos). A ella la contrataron para que buscara artistas. Yo tengo muy poco tiempo de exponer y las “expos” que  he tenido son todas colectivas, empezando por aquí (la escuela de artes plásticas, UCR) que expuse hace dos años en una conmemoración a Francis Bacon. Ahí conocí a varias personas, entre ellas a Florencia Urbina y a partir de eso me fui dando a conocer un poco. Nos explicaron cómo era la cosa, cómo iba a funcionar el evento, de qué empresa era. Nos explicaron que iban a convocar como a 125-150 artistas, de esos 150 iban a seleccionar a 40 y a otros tantos que ya tenían seleccionados, porque eran artistas de renombre, supongo.

M: ¿Cuánto tiempo de preparación tuvo?

E: Fue como un mes; fue un proceso en el que nos llamaban y nos pedían fotos de trabajos y otras cosas, después ya nos convocaron en un hotel para un desayuno con todos los participantes. Después de eso tuvimos que presentar dos bocetos. Sí nos pusieron un tema, que era como “no sé cuantas razones para hacer un mundo mejor”,  a fin de cuentas una campaña de mercadeo de ellos.

M: ¿De qué trata su obra?

E: Son dos caras de una chica gritando. El tema general era el mismo para todos, usted tenía que desarrollarlo a partir de eso, entonces yo no quise desapegarme tanto de lo que yo hago en mis propuestas personales que es algo fuerte y crítico, una queja; igual mi botella no es tan fuerte como las pinturas que hago, pero sí quería como gritarle al mundo y gritarle a ellos mismos que la cosa esta hecha un desmadre, todo el mundo, y que no sé…que hay que buscar cambiar mae.

Yo pensé en que todos los que estudiamos aquí (Escuela de Artes Plásticas de la UCR) diay somos diseñadores, sea lo que sea estudiemos, y si a usted le dan un proyecto, o un espacio, o un lienzo, o una hoja, usted tiene que pensar en desarrollar ese diseño, entonces yo pensé la propuesta desde la estética como diseño y además sin  despegarme tanto de lo que yo vengo haciendo, a nivel plástico y de mensaje, como discurso. Yo participé porque lo hice pensándolo como un diseño, como si una empresa me hubiera pedido que le haga un diseño.

M: ¿Hubo un conversatorio respecto a la exposición entre los artistas, verdad?

E: La cosa fue que nos convocaron para sacar una nota en un suplemento de la Nación. Fue una reunión para tomar fotos de la “cosa” (la botella) con uno y además, hacer un supuesto conversatorio con todos los artistas, aunque no estaban todos, solo algunos. Además había gente de la Coca, como la gerente de mercadeo, también estaba la directora  del museo de Arte Costarricense (Florencia Urbina); yo llegué porque lo vi interesante y quería ver que iban a decir la verdad.

Se pusieron a hacer como siempre,  una alabanza a la Coca Cola. Lo que ellos (los artistas y demás participantes) decían eran agradecimientos como si estuvieran viendo a Dios bajando del cielo y dándoles trabajo. Un mae de tantos los que estaba que era un “disque” pintor y  periodista se las creía mucho ahí, tenía una retórica toda elevada según él y dice: “Para mí, exponer en este museo habría sido todo un orgullo, yo me sentiría (siendo ustedes), con mucho miedo e intimidado”,  entonces me preguntó a mí qué se sentía estar haciendo esto, y si sentía miedo de estar ahí, (a mí que no me gusta meter la cuchara porque yo soy un polo ahí de un cafetal de Sarchí).

Entonces yo le dije “di mae, yo no siento miedo, ¿por qué voy a sentir miedo si esto es lo que voy hacer en mi vida?, di me gusta estar aquí, pero me hubiera gustado más que fueran mis pinturas, no este trabajo”. Yo dije eso no de manera malagradecida, nada más no me sentí intimidado, en realidad yo quiero metas más grandes; entonces el señor se enojó y comenzó a decir que nosotros los jóvenes debíamos de agradecer esta oportunidad, que era una en un millón.

También le dije: “Yo también me quejo del arte de Costa Rica, porque es un arte pasivo, es un arte complaciente que siempre está dormido bajo el zapato de la gente, del que tiene más plata, del mercado”. Le comenté cómo cuesta vender piezas, además a mí me lo han dicho miles de veces, “usted hace eso porque es joven ahora, pero cuando usted va creciendo ve que tiene necesidades” y yo las necesidades las tengo ya mae, y que las tenga  no quiere decir que yo tenga que prestarme para un mercado. Luego empezaron a criticarme, diciendo que yo quería proyectar un arte que tiene violencia, y que ellos sabían que este mundo tenía violencia y asaltos y muertes pero que también había otras cosas que hacían bonito al mundo. Yo  opiné que era necesario abrir más el tema, no sólo trabajar eso de la actitud positiva, optimista y las ciento no sé cuantas razones para ser feliz, sino que debieron dejar que hasta hubiera cabida para la crítica de la “felicidad”. Pero ellos la agarraron contra mí, los artistas, mientras otra señora decía que había que aprovechar, y ver las cosas bonitas de la vida, en fin no me dejaron hablar, y siguieron agradeciendo a la Coca Cola.

Por eso, esos maes solo quieren hacer esas florcitas, y yo puedo pintar florcitas si yo quiero, puedo ir a pintar cuadros de florcitas y de paisajitos y de esas varas, más que vengo de Sarchí, puedo hacerles hasta carretas típicas si quieren, pero yo no lo hago, yo quiero hablar y que la gente vea la realidad en que se encuentra.

M: La mayoría de críticas sobre la expo se hacen en relación a cómo se metió una compañía el Museo de Arte Costarricense, siendo el organismo o lugar que más representa nuestro arte nacional, se supone.

E: Yo le diría a usted que ese museo no es el que representa al arte que se hace aquí o sea, sí  tiene muchos años de historia pero ya hay cosas nuevas, hasta en las calles hay arte. Por eso deberían ver que hay más arte en este país. También lo que no me gustó es que la mayoría de gente que fue escogida para la expo, era gente muy vieja que ya estaba metida en ese ámbito y con propuestas muy suaves, poco críticas aunque habían unas muy buenas eso sí. Pudieron haber buscado artistas más jóvenes y darles la oportunidad.

M: ¿Usted qué opina ahora de la exposición?

E: Yo creo que debió ser en otra parte, no necesariamente por el conflicto de que fuera el Museo de Arte Costarricense, ese mito de que hay UN museo y UN arte costarricense no lo creo. Pero si pienso que pudieron haber hecho otra cosa más acorde, porque esto era un evento de una empresa, más moderno o contemporáneo por decirlo así. A fin de cuentas a mí me vieron como si yo fuera un malagradecido y un carajillo malcriado en el conversatorio. Yo salí como con un asco de ahí, todo el mundo que decía cosas buenas, alabando para que después los volvieran a contratar, y alguien diría “así se tiene que ser en este medio”, pero no hay que “adorar” tampoco.

M:¿Considera que esto que se hizo es arte nacional?

E: Yo no sé que es o no arte, no soy quién para decidirlo. Pero yo pienso que esta exposición es nada mas una campaña de mercadeo, un diseño para una empresa. El lenguaje plástico o artístico, supuestamente nacional fue muy reducido, por concepto de arte nacional buscaban que se pintaran árboles y esas cosas, o sea la máscara que tiene el país frente al mundo, “NO ARTIFICIAL INGRIDIENTS”.

                                                                      -Mauricio Oviedo Salazar-

Fotografías de la campaña tomadas de  la506.com


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