Las paredes en Des Pacio brillan prístinas a causa de sus blanquísimos muros, el día de la inauguración de la exposición del artista colombiano Miguel Jara. En las paredes hay retazos de narraciones; dibujos que a primera vista parecen sueños y pesadillas infantiles. Ante la examinación con mayor detenimiento, la sensación de lo infantil da paso a lo fantástico, subrayado por lo macabro. Los dibujos son escenas que parecen haberse detenido en el tiempo: hombres con cabezas de zorros corren entre bosques, serpientes se tuercen gigantes en medio de amplios campos sombríos, hombres y animales corren, sobre ellos altas montañas miran estoicas lo que sucede con grandes ojos negros.

La exposición pareciera ser una recopilación en papel de imágenes mentales, de sueños despiertos. Las obras me recuerdan a los dibujos que se realizan a mano, ociosamente, quizás en un aula de clases, o quizás esperando el bus, o tomando un café; dibujos automáticos, registrados en hojas de papel. Los tachonazos y  borrones en las obras de Jara intensifican esa sensación íntima y cotidiana, evidencian el vaivén y la duda propia de soñar, vivir y pensar: procesos que son todo menos ordenados, coherentes, o luminosos, sino que marchan al ritmo de lo mágico y lo íntimo. Las figuras parecen vivir en caos, en una violencia juguetona, porque mientras corren, se esconden y caminan, al mismo tiempo parecen estarse divirtiendo de alguna manera, entre casas y bosques vivientes.

 

 

En la última sala la animación “Chez Eux” 2010(Su casa) que realiza Jara, es ultimadamente la sublevación de los sueños de papel. Es como si los dibujos hubiesen tomado vida propia, luego de haber sido plasmados. El caos, las pesadillas y las bromas sarcásticas de las escenas se retratan una y otra vez, al son de una musiquita macabra pero chistosa (original del propio Jara): resuenan las notas de un órgano dándole vida a los dibujos, porque al final esas hojas con bocetos tienen vida, aún cuando nadie las ve.

Miguel Jara 2010

Una vez que he visto la animación (en la sala posterior de la galería, el espacio donde los dibujos cobran vida),  me detengo para volver a comenzar el recorrido y así confirmar mis sospechas; encuentro reafirmación a lo que me sugieren los dibujos y la animación, cuando revisito los primeros cuadros a la entrada de la exposición. 4 cuadros (On the Night Flight of the Blackbird, 2011) habitados por junglas tupidas con ramas largas y las aves negras; estos cuadros delatan la intención de Miguel Jara de adentrarnos en un bosque abstracto, en un territorio mental en donde habitan personajes excéntricos.

De algún modo, el mundo de Jara no se aleja demasiado del absurdo del día a día. El lenguaje cómico y distendido de los dibujos de “Across Lines”, parecen traer consigo la intención de escenificar el poder de la naturaleza, en el contexto de las tensiones sociales. En la animación,  la casa en la cual interactúan los personajes se incendia cada cierto tiempo, mientras el humo llena la escena cada quién corre por salvarse o para esconder su culpabilidad, ¿Será que Jara nos retrata como una sociedad envuelta en lo perverso? ¿Son sus visiones reflejo de lo absurdo de estructuras  mentales y materiales?

Indudablemente esta exposición da paso a dos fines catárticos:reírse y reflexionar. En la entrada inaugurando el recorrido de la expo, están tatuadas en la pared las letras de “Yes Sir, I will”, canción del grupo de punk-rock setentero Crass. Una línea de la canción recuerda ese sentimiento de pesadilla restauradora en la expo:

Maybe someone hears what you say, but you’re still on your own at night

(Quizás alguien escucha lo que dices,  pero aún así sigues estando solo bajo tu propia cuenta en la noche)

-Sofia Vindas Solano-

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