El Festival inicia como una buena intención. Se empieza a ver cierta calidad, como por ejemplo la página Internet, que a nivel de diseño estaba muy bien hecha, pero ya desde la misma se empezó a notar ciertas cosas como la falta de información respecto a las conferencias. Todas las conferencias de los diseñadores que se iban a presentar no poseían más que un nombre que no decía nada respecto a lo que se iba hablar, pero bueno igual se continuó, los problemas reales se vieron los días del evento.

Claro, uno es espectador, y uno no entiende cómo cuestan las cosas, lo interesante es cuando nota patrones. Como muchos de los eventos que se hacen en el país, la organización demostró ser bastante deficiente. Y se debe de repetir, uno sabe que muchas cosas no salen, pero desgraciadamente la organización tiene que entender que uno no va a un evento para ser comprensivo ante las fallas que suceden. Uno va a algo que uno espera sea bueno.

Ya problemas habían desde la elección del lugar para las conferencia, el Gimnasio Nacional, que donde este se encuentra, todo sonido posible hizo cada vez más difícil escuchar cada una de las exposiciones, pero el momento estrella era cuando pasaba el tren, no importaba si el diseñador era la quintaesencia de la humanidad, el tren ganaba. Y desde aquí se puede hacer una cadena de problemas, ya que al fin y al cabo todo se trataba de sonido. La realidad es la siguiente: el Gimnasio Nacional no sirve para esta clase de eventos. Entonces ya con todo, que tanto donde se ubica el espacio con el espacio mismo no sirven, viene un problema de sonido real.

Todos los que se encontraban en la gradería pudieron escuchar sólo parte de las conferencias durante los tres días, porque el sonido siempre estaba malo. Entonces uno dice, claro, es normal que el sonido no funcione al principio de la actividad (¡No es normal! pero en Costa Rica sí), pero la desgracia fue que el sonido no funcionó durante los tres días. La gradería pagó 33.500 colones para escuchar retazos de lo que cada diseñador había hecho en su vida.

Ahí es donde viene el otro problema respecto al Festival. Muchas de las conferencias estuvieron muy buenas, pero otros diseñadores se dedicaron a sólo mostrar la carpeta de todo trabajo que habían realizado, y bueno, no es que no se quiera ver lo que han hecho, el problema es que sólo eso hacían. Muchas personas que pagaron para ir al Festival esperaban mucho más que solo una carpeta, por lo menos que se hablara de cómo habían empezado, que herramientas utilizaban, cuál era la investigación que hacían, si había siquiera tal cosa. Era hablar un poco más del diseño que solo describir cada una de las imágenes que aparecían.

Ya por último, se puede hablar de la comprensión de lo que un Festival es. No es que se tenga una definición exacta, pero esto sólo fueron conferencias de cada uno de los diseñadores y listo. Muchos de los que fueron esperaban una mayor interacción respecto al diseño, más actividades, hasta por lo menos que se vendieran libros de los diseñadores, algo más, que comprendiera un sentido de Festival y no solo un ciclo de conferencias.

Al final quienes salvaron el Festival fueron los Diseñadores, entre los que destacaron Mikel Urmeneta, Max-O-Matic, Luba Lukova, Emiliano Godoy, Deanne Cheuk para lo que fue el primer día. En el segundo se debe empezar hablando de José Gamboa, diseñador industrial costarricense, el cual demostró de la manera más sencilla y humilde posible los trabajos que había hecho, cómo había iniciado y cuáles eran sus próximo proyectos, haciéndonos ver trabajos de gran importancia a nivel internacional. Siguiendo este día se deben mencionar a Paula Sanz Caballero y a Paula Scher. El tercer día y último día fue el que termino mejor con Lucho Chumpitazi, La Cabeza Estudio, Michel Rojkind y Joshua Davis, que hizo que el Festival, a pesar de toda falla, terminara siendo exitoso.

-Mauricio Oviedo-

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