Tenía pensado llegar a las 9 p.m., como sugería el evento de Facebook. Pero a última hora alguien -de fuente teóricamente fidedigna- me dijo que Florian Droids empezaría a tocar a las 10: 30, entonces pensé que no tenía sentido llegar hora y media antes. Sin embargo, para no sentirme tan descarada decidí llegar a las 10: 15. Entré al Lobo Estepario y el lugar vomitaba gente. No cabía un alma, como dicen. Y, por supuesto, la música ya había empezado.

Lo primero que me llamó la atención fueron las caras nuevas. Era un nuevo público, distinto al que se suele encontrar concierto tras concierto en el Lobo. Aire fresco.
Me paré casi al fondo de la “habitación” conformándome únicamente con escuchar, puesto que la multitud y la cantidad inusual de hombres altos no me dejaba ver nada. Pero a medida que avanzaba el concierto me fui colando hacia adelante, y terminé cerca del baño, a la par del escenario, con vista VIP.

Si hay que ser honestos -supongo que es la idea de escribir una reseña- el concierto excedió mis expectativas. La calidad del sonido y el magnetismo musical y escénico del grupo -algo de lo cual carecen muchas de las bandas ticas más en boga actualmente- se nivelaban a los de una banda experimentada, con sus canitas, unas cuantas arrugas y su pancita de birra.

Cuando terminaron su repertorio -este sí de banda joven con patas cortas- la gente seguía pidiendo más. Tocaron una pieza nueva, repitieron otra y sin más le cedieron el escenario a Huba&Silica, a pesar del entusiasmo con el que Ernesto (a.k.a. Silica) pedía “¡otra! ¡otra!” como un miembro más del público, con el ímpetu de una groupie con corazones en los ojos . Pero hubo que esperar un buen rato antes de que el dúo se apropiara del espacio. Huba aún no estaba “in the house”.

Contrariamente a lo que cualquiera podría pensar -yo incluída-, Huba&Silica y Florian Droids forman un excelente complemento para una noche espectacular, si se sabe disfrutar de ambos géneros musicales. Empezar con una banda de rock progre-psicodélico que hace vibrar los nervios y produce escalofríos con los agudos del sinte, y seguir en crescendo hacia un poco de drum & bass que a su vez va calentando el lugar hasta que los menos apuntados (yo) estén saltando y bailando, es una bizarra fórmula al éxtasis. Esto maximizado por el hecho de que Silica, al terminar el set (después de haber tocado varios encore), puso a modo de despedida el disco de Florian, invitando a los integrantes a subir al escenario y recibir sus merecidos aplausos del final de la noche.
Hay que decirlo, si hay alguien que sabe poner a las masas felices son H&S.

Fue curioso ver a las dos bandas juntas, tan antagónicas en apariencia y en género, llevándose tan bien, y a los miembros de la una apoyando y disfrutando la función de la otra.
El sábado 19 de marzo, los que atendimos al Lobo Estepario después de las 10 de la noche, presenciamos una noche de oxímoros, y en la belleza de la antítesis, puro talento.

Ya felices y energéticos, como después de haber comido muy bien, a los presentes nos tocó conformarnos con ir a bailar a otro lado y poner el nuevo disco de tapa rosada apenas volviéramos a la casa. Eso hago yo en este momento.

Y para los ausentes, hay una segunda oportunidad. No la desperdicien.

-Fiamma Aleotti-

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