El pasado 31 de agosto se inauguró la Exposición: Identidades en el Espejo, en la Galería Nacional (Museo de los Niños). Esta era una exposición colectiva en donde se mostraban los trabajos realizados por los estudiantes del curso de Diseño Pictórico IV, de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica.

Los exponentes fueron Mariano Arias, Raquel Bello, Francisco Berrocal, Sofía Meneses, Priscilla Ramirez, Tamara Rojas y Karina Siliezar. Las propuestas que crearon cada uno de ellos resultaron bastante interesantes, y lograban hablar por sí solas.

Últimamente, dentro de ciertos elementos que preocupan en el arte contemporáneo, está el discurso detrás de la obra. Resulta problemático encontrarse con proyectos donde el discurso o concepto llegó a resultar mucho más grande que la obra misma, invalidándola y quitándole el carácter de objeto de diálogo. Este no es el caso.

Mariano Arias Argüello. Serie Canasta básica costarricense. óleo y .sobre madera. 2011.

Mariano Arias Argüello. Serie Canasta básica costarricense. óleo y .sobre madera. 2011.

El título es acertado, ya que se juega con los conceptos de identidad, mostrando preocupaciones o rasgos personales de cada artista y, aún creando un producto tan personal, lograron que el público pudiese identificarse de distintas maneras, a cada uno de ellos.

Me parece importante mencionar a cada uno de los artistas, empezando por Mariano Arias quien fue el único que mostró obras pictóricas dentro de la exposición. Los demás trabajos se fueron por otros lenguajes más contemporáneos, como la fotografía, el fotomontaje y la instalación entre otros. Pareciera que el artista decidió inclinarse a lo cotidiano, como parte de la identidad, elementos que pueden pasar desapercibidos o que no consideraríamos para hablar de lo que somos, pero que son de las cosas que más hacemos, como por ejemplo, la canasta básica.

Raquel Bello nos mostró trabajos que refieren a comprensiones del espacio. Con una mirada personal, en uno de ellos, creó un rostro conformado de puntos geográficos y líneas características de los mapas, hablando de lugares que de alguna manera implicaron algo para su vida.

A pesar de la lectura que ella le dio, la obra se prestaba para hacer muchas más. Todo esto nos da una referencia a la apropiación, a cómo un lugar puede resignificarse de tantas maneras y ser de cada uno de nosotros sin que implique lo mismo.

Raquel Bello May. Ge(o)nealogía. Instalación con plástico adhesivo transparente. 2011.

Raquel Bello May. Ge(o)nealogía. Instalación con plástico adhesivo transparente. 2011.

Francisco Berrocal (Chisco), mostró una propuesta que nos hablaba del juego de poderes. Cómo se define la autoridad, a partir de qué alguien está más arriba que uno, qué se ocupa para tener el poder. Para hablarnos de esto nos muestra la siguiente imagen: un policía contra una figura con traje ejecutivo, creándonos una interrogante “¿Quién tiene el poder?”.

Su otro trabajo es más determinante, sin poder objetar, sin que uno posea explicaciones, nada más se hace lo que la autoridad dice.

Sofía Meneses hizo uno de los trabajos más sólidos de la exposición, relacionando las problemáticas de la identidad con el concepto de la marca, o mejor dicho de lo marcado. Al marcar se identifica y se separa de lo demás, se categoriza y se estructura. Esta idea se relacionó con las marcas que se le hacen a la ganadería, haciendo una analogía entre el proceso ganadero y la identidad del ser humano.

Priscilla Ramírez. Gabinetes de curiosidades. Fotografía digital a color. 2011.

Priscilla Ramírez. Gabinetes de curiosidades. Fotografía digital a color. 2011.

Priscilla Ramirez jugó con la fotografía y el sentido de la acumulación. Los objetos acumulados, ya fuese de manera ordenada o caótica, eran los protagonistas, dándonos también  un sentido de cómo aportar valores de la personalidad al espacio en que uno se desenvuelve, como el cuarto o la casa.

El montaje de las fotografías que mostraban los objetos acumulados también ayudó, al ser bastante numerosas, al concepto de la obra.

La artista Tamara Rojas jugó con el concepto del “yo“, mostrándonos como el peor juez es uno mismo, y cómo uno puede crear una dicotomía de la personalidad. Así, estará el que hace, y el que piensa, y el primero es limitado por el último. El uso de texto ayudó al concepto.

Karina Siliézar Delgado. Sin Título. Instalación: madera, tela, vidrio y sangre humana. 2011.

Creó un fotomontaje donde una persona tiene impreso en el pecho un texto que dice “debo ser ordenada”. Un sentido de contención y límites y castigos que sólo uno se impone. Esta idea se enlaza bastante bien a la segunda obra, que muestra una tipografía mecanizada y otra realizada a mano, haciendo un juego entre las represiones que uno mismo se causa, y las luchas en las que uno mismo debe de derrotarse para ser libre.

Finalmente hablamos de Karina Siliezar, haciendo una propuesta un tanto más arriesgada que las demás, al utilizar sangre humana. Ya a partir del montaje se empiezan a crear una serie de diálogos que se meten tanto en lo ético como moral. La sangre fue vertida en vasitos, “shots”, y la artista creó una especie de barra, como la de los bares, con la bandera de Costa Rica detrás.

Lo común, la fiesta, es algo que quiere exponer, que ha conformado la identidad del “tico“, no necesariamente con valores positivos. Esto lo muestra en conjunto con lo vital, con un elemento que nos hace lo que somos y que ocupamos para SER.

En fin, vale la pena ir a la exposición. Esta estará hasta el 30 de Setiembre.

-Mauricio Oviedo-

Sofia Meneses. Para marcar. Hierro Forjado. 2011.

Francisco Berrocal Rowe. Requisa. Instalación: yeso y letras adhesivas. 2011.


Tamara Rojas Sibaja. Sumisión o docilidad. Fotomontaje sobre cajón de madera. 2011.

Nota: Todas las fotografías fueron tomadas por Lisa Sánchez Aguilar.

Una breve búsqueda en google, inclusive en el popular youtube no me deja mentir: el tema de los sueños puede ser el tema más cliché, más “quemado”, más trivializado, y más mercadeable que existe.  Desde libros poco serios que puede comprar usted para tratar de interpretar sus sueños,  hasta páginas web que le prometen asesoría onírica si manda un mensaje a “800-NOMASPESADILLAS”.  Una búsqueda en Youtube tira videos sobre personas contando sus sueños, videos del mismo Jung hablando sobre el tema, inclusive me sugiere una de mis canciones favoritas, así que la pongo para escribir esto y sugiero humildemente que me acompañe a oirla, para leer el resto del texto. Por todo lo anterior, plantearse visitar una exposición sobre cómo evadir los sueños desagradables, podría poner a cualquiera nervioso de lo que vaya a encontrarse en la propuesta, pero mucho más dirá del artista que se involucra en una temática tan forcejeada.

Desde Medellín, Colombia, llegó el 18 de Julio la ganadora de la residencia artística, que la Galería  Des Pacio abrió en concurso hace meses: Angélica Teuta (1985).  La artista se trasladó hasta Centro América, para compartir a manera de talleres su técnica y su arte, así como traernos esta exposición que titula: “Escenas para evadir pesadillas” (“Escenas” de ahora en adelante). Teuta ha impartido algunas conferencias en pregrado y la maestría en artes de la Universidad Nacional de Colombia, y otras instituciones, además  figura entre las artistas más jóvenes a las cuales la colección del Banco de la República compra una obra, la colección mas respetable de arte colombiano.  Adicionalmente, un artículo sobre una exposición similar a la que presenta hasta el 17 de septiembre en Des Pacio, puede ser encontrado en el ejemplar más reciente de la revista Art Nexus.

La exposición de Angélica Teuta, (la segunda edición de esta muestra originalmente presentada en Bogotá) comienza pues con la promesa de la gran incertidumbre: ¿qué quiere decirnos Angélica sobre las pesadillas y los sueños, un tema explorado pareciera ser, hasta la saciedad? Al entrar al espacio de la galería, grandes enredaderas de papel amarillento y rojizo cuelgan entre el techo y el suelo, como un chicle áspero que cruje cuando se le toca, cuando la gente al pasar los mueve con la estela de viento que imprime el cuerpo en la micro-atmósfera. Por entre las ramas caídas de papel, un par de sillas hechizadas se mueven casi imperceptiblemente como por arte de magia. Enseguida, al nivel del suelo se mira una escena, la cual se recrea al combinar personajes recortados finísimamente; enfrente hay  un proyector sobre el cuál otros personajes se acuestan, y mediante el juego de las sombras y la luz,  las figuras proyectadas y las que yacen al frente se mezclan sobre la pared. Así la primera pesadilla aparece: un hombre que gesticula forzosamente, jaulas con pájaros quietos, mientras otros tantos pájaros revolotean por entre el espacio; arriba un trapecista se balancea, o quizás nada más pende de una cuerda inmóvil.

  Siguiendo con el recorrido por entre la maleza, el visitante se topa con una pared blanca; opuesta a esta pared hay una ventana que da a una calle josefina. Mediante un proyector, esta ventana se repite en el muro blanco, creando la ilusión de que la casa comienza a despertarse o más bien a sumirse en la pesadilla que Teuta confeccionó para nosotros. El espacio de la casa se vuelve ambiguo y engaña, como el espacio del inconsciente lo hace con nosotros en medio del R.E.M. La confusión comienza con las sillas hechizadas, luego con la ventana que se biloca y continua con la invasión sobre las paredes, que realiza el motivo de la cerámica del suelo: los cóndorcitos que yacen bajo los pies del visitante, se le colan por entre los dedos y trepan los muros de la galería.

En la inauguración así como en los talleres que impartió a comienzos del mes de Agosto, la artista argumenta que “Escenas” es el fruto de la investigación que ella realizó sobre el tema de los sueños, con relación al trato que la Mitología Clásica, la Edad Media y el Renacimiento le dieron al tema; Además la artista investigó sobre las imágenes de los circos, y revisitó la teoría Jungiana de los arquetipos y los sueños. Al hacer esto, toma prestados todos los motivos e imágenes posibles, creando composiciones propias; Esto lo hace a la vez inspirándose en el trabajo con el detalle, de artistas como Lori Nix. Esta investigación realizada, más la sensibilidad del artista a la hora de realizar composiciones figurativas de papel con gran detalle, además de su fecunda imaginación para trabajar con el espacio de la galería, es la receta perfecta para que esta dulce pesadilla hechice a cualquiera. Con lo anterior adelanto una percepción que me queda al final de la expo: Si bien Angélica Teuta es magistral con el tratamiento del detalle en sus exposiciones, lo logra sin desdeñar de alguna manera el trabajo a gran escala con los espacios, saber amarrar ambas posibilidades expresivas, ésta es una destreza envidiable.

Después la expo continua con las cajitas de la sala posterior en la galería. Ahí se muestran las composiciones que gesta Teuta a partir de los arquetipos de Jung y otros motivos populares y circenses:  Gatos peleando (escena que representa la traición),  mientras una bandada de pájaros revolotea al fondo como una familiar nube de mal presagio. En otra cajita un bosque de papel hipnotiza, no solo por el detalle del papel cortado con una precisión asombrosa, sino por la escena misma donde personajes se pierden entre el bosque blanco. Si en la primera sala de la galería las pesadillas son caóticas //campo minado por enredaderas, imágenes invasoras de espacios ajenos, ambigüedad espacial, sillas que se mueven erráticamente//, la sala posterior es el espacio controlado donde juegan entre sí las pesadillas domadas por su encierro. Dentro de las cajitas café que contienen recortes ultra finos, las figuras animales (humanas y no humanas) interactúan detrás de un vidrio con el espectador.

El sueño lúcido que es visitar esta exposición permite pensar la muestra en función de tres ejes,  a pesar de que los sueños no necesariamente tengan estructuras identificables cuando los experimentamos.

  1. La pesadilla: La artista enfatiza este elemento mediante el uso de la luz y la sombra, así como la transformación de los recortes y los personajes de papel a través de la luz. A su vez, la sensación de transmutación de los espacios enfatiza la sensación de inconsciencia: los espacios se tornan borrosos, impredecibles, no coherentes. Como las enredaderas el espacio atrapa, contiene, pero confunde también.
  2. Lo animal: Es el gran espíritu de la exposición. El animal no humano como reflejo de la esencia del humano. Pero estos animales están domesticados de alguna manera, por ejemplo al encerrarles en las cajitas de madera. La animalidad en Teuta es de una violencia hermosa: porque si bien los recortes representan escenas que resultan perturbadoras en las pesadillas, el visitante no puede más que asombrarse del detalle del trabajo en papel y lo divertido y mágico de las composiciones . Esta exposición es pues, la oportunidad de acercarnos a nuestras pesadillas en un ambiente de un caos controlado.
  3. La repetición y lo azaroso: Son los dos elementos que refuerzan los puntos anteriores. Mediante el uso de las luces a ángulos múltiples, las sillas que se mueven azarosamente, la invasión de los cóndores, la repetición de motivos animales, etc. Todo esto profundiza la sensación alucinógena de la muestra.

Al final de la exposición inevitablemente los grupitos de gente abarrotada en el jardín del fondo, se entregaron a la discusión de los sueños y las pesadillas de cada quién. Cuatro personas cargando sus cigarros desinteresadamente, comentaban qué significaría soñar con escalar una montaña, a lo que Teuta aportaba: “La montaña es ejemplo del deseo de superación”. En mi círculo de conversación, la pesadilla du jour fue el clasicazo: soñar con que se le caen a uno los dientes; todos teníamos diferentes interpretaciones, “Temor al qué dirán”, “Es un sueño sobre inseguridad”, la misma Angélica confesó haber tenido este tipo de pesadillas una vez, antes de una exposición en Bogotá.

Detalle, Caja de sala posterior

Es innegable la versatilidad de Teuta como artista, quién asegura haber ido pensando en maneras de intervenir el espacio de la galería, a lo largo de su estadía en CR. Habiendo visto el trabajo de Angélica en papel antes de que viniera a nuestro país, yo no podía esperar para ver su admirable precisión artesanal con este material en la exposición. A pesar de que sí aprecié esto en la expo, es la capacidad creativa in situ de Teuta lo que más me cautivó, es decir su capacidad de acomodar y adaptar la exposición según el lugar y lo que tenga a su disposición.

Para aquellos y aquellas que no han tenido la oportunidad de tener pesadillas con Angélica, la oportunidad sigue abierta hasta el 17 de septiembre! Acá los datos: Escenas para evitar pesadillas N.2, del 17 Agosto-17 Setiembre, abierta los miércoles y viernes de 12-5:30 pm. Más fotos e info, en la página de facebook de la galería Des Pacio.

-Sofía Vindas Solano-

(Fotografías cortesía de Lisa Sanchez)

Esta exposición, que se exhibe actualmente en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, es una reflexión sobre la carga simbólica que las personas dan a los objetos, en este caso el artista recurre a arte- objetos para establecer un diálogo alrededor  de las piezas, que las vincule con la práctica devocional que las personas profesan hacia ciertos objetos.

Esa dimensión sagrada se retrata en los objetos identificados como de culto, y con lo cual recorre los conceptos de lo mágico religioso, entre ellos por ejemplo, considera el axis mundi o centro del mundo que a través de diversas culturas, se a asociado con el Árbol cósmico (ejemplo Fig. 1), y es por medio de éste y de los otros objetos de culto, que el ser humano se comunica con lo que concibe como divinidad. Esa conexión entre lo sagrado y lo profano se expresa especialmente en las reliquias, considerados objetos únicos que debían ser resguardados y adorados, por pensarse como una manifestación directa de lo sagrado aquí en la tierra (Fig. 2).

La muestra al igual que los objetos de culto se dividen en: íconos, reliquias, talismanes y amuletos, ídolos o figuras votivas, cetros, ofrendas, y exvotos. Esas definiciones o distinciones entre los objetos de culto, comparten la característica de haber adquirido la sacralidad a través de la singularización, estableciéndose una distinción entre las piezas y lo profano.

Pero es el proceso de creación de los objetos ahora expuestos por Poveda, lo que invita a la reflexión entorno a la manifestación de lo sagrado. En el trabajo de Poveda, la elaboración de los objetos de culto implicó un proceso que comenzó desde los años 60, y el cual consiste en una combinación de objetos encontrados, de desecho y otros materiales industriales, metales y maderas.

Todos esos materiales están vinculados con el consumo masivo y el hecho de que estén compuestos por objetos desechados, implica que estos ya tuvieron una historia, en la que no se contempló la posible dimensión mágico religiosa que ahora le confiere y revela el artista. De esta manera la sacralidad que había permanecido oculta en los objetos profanos, ahora se manifiesta en las obras de arte. Los  objetos se exhiben distantes de nosotros, pero dejan de estar ocultos y ser simples objetos, para transformarse en objetos de culto. A su vez ellos se muestran distantes del mundo que los rodea, lo cual es muy evidente en las figuras votivas y los ídolos, por ejemplo con el Santo Malandro (Fig. 3) que está protegido por una caja de vidrio; esta pieza refiere al culto que profesan algunas personas en Venezuela, en donde se adoran este tipo de figurillas o esculturas que recuerdan a un grupo de delincuentes de la década de los años 60.

En esta medida es posible re-interpretar también la visita a exhibiciones artísticas, esta vez por su paralelismo con lo religioso y  lo ritual. A la hora de la visita al museo, nos sometemos a una reducción de nuestra conducta a una serie de normas, bajo las cuales ingresamos a un museo:  hacemos silencio y tratamos de entender las imágenes a partir de los planteamientos que se nos proponen. Esta es una predeterminación cultural, y una jerarquización establecida desde la institución del arte como el museo por sobre el espectador. El paralelismo es evidente con las practicas rituales o religiosas, esto se hace evidente especialmente en la postura que tomamos al contemplar las obras de arte;  incluso cuando miramos las obras orgánicas y abstractas de Poveda,  es imposible evitar identificar personajes a manera de trampantojo. Tómese por ejemplo el juego que ofrece una obra como Ícono #1 (Fig. 4) en la que el espectador se ve tentado a reconocer en ella una Virgen[1].

Lo anterior sintetiza de alguna forma lo que la muestra expresa en general. La exposición sin duda termina invitando al espectador a reflexionar en torno al fenómeno religioso, también sobre las manifestaciones de lo sagrado y la constante dualidad a la que se enfrenta el ser humano entre lo sagrado y lo profano.

 

-Ericka Solano Brizuela-

 


[1] Son muchas las representaciones de Vírgenes a través de la Historia del Arte, pero para efectos de este ejercicio posiblemente sea pertinente mencionar a la Virgen de Vladimir (Fig. 5) como ejemplo. Esta pintura Bizantina (de la que se conserva principalmente el rostro de la Virgen y el Niño)se convirtió en el ícono ruso más relevante de la Edad Media, no solo por lo venerada que fue sino también por qué para muchos artistas rusos la composición de este ícono fue su modelo, y a esta tradición se le llamó Eleusa. Actualmente se encuentra en The State Tretyakov Gallery (http://www.tretyakovgallery.ru/en/collection/_show/image/_id/2216)

Fig. 1. Árbol de pochote, materiales diversos, 2010.

Fig. 2. Reliquia #2, materiales diversos, 2010.

Fig. 3. Santo malandro, materiales diversos, 2008.

Fig. 4. Ícono #1, materiales diversos, 2010.

Fig. 5. Virgen de Vladimir, artista desconocido, témpera sobre madera, siglo XII.

-Ericka Solano Brizuela-

En 1933, con tan solo 17 años, Yolanda Oreamuno escribe el ensayo ¿Qué hora es?, en el que retrata diferentes aspectos nocivos de la sociedad y de la mujer de entonces.

Este texto esboza una de las primeras evidencias documentadas de lucha por los derechos de las costarricenses, atacando las trincheras de la doble moral, el machismo como tradición cultural y la autocompasión femenina.

¿Qué hora es?  fue presentado a un concurso literario del Colegio Superior de Señoritas, donde ella cursaba estudios, que invitaba a exponer el tema “medios que usted sugiere al Colegio para librar a la mujer costarricense de la frivolidad ambiente”, incitante y desafiante para la época.

Tal vez por lo voraz de sus acusaciones  y la asertividad en denunciar lo que para muchos era “normal”, un asustado jurado del concurso lo dejó en el cuarto o quinto lugar y le otorgó una mención de honor a la autora.

Tras muchos años de un destierro cuestionado por algunos como voluntario por algunos y como forzado por otros, luego de ser olvidada su belleza física impresionante y pisoteado su talento como retratista de la realidad a través de la palabra, Yolanda empezó a convertirse, tras su muerte, en 1956, en una figura interesante para el círculo intelectual del país, que leía con asombro su obra y daba crédito a su genio creador. Entonces empezó a hablarse de Yolanda Oreamuno como una escritora de respeto y no solo como la mujer irreverente que volvía locos a todos con sus encantos.

Lamentablemente, la notoriedad que produjo este pequeño tributo a su talento dio paso a que se convirtiera también en un atractivo accesorio de moda para algunos personajes descoloridos, carentes de la capacidad creadora que a ella le sobraba. Entonces Yolanda pasó a ser la pólvora que encendía la auto-bomba de los “expertos” en su obra, vida y milagros. Presencié en varias ocasiones discursos agobiantes que quienes se auto-proclamaban como dueños de la verdad absoluta de ella, su vida personal, sus amores y hasta de destino de su obra, en su mayoría, aún hoy, perdida. Todo esto provocó algunos deslucidos ensayos, artículos, conferencias, entrevistas y anuncios de proyectos de novelas, biografías y piezas teatrales que, según parece, quedaron solo en verborrea.

Una noche de hace ya algunos años, rodeado por verdaderos intelectuales nacionales, como Daniel Gallegos, Clotilde Obregón, Emilia Macaya y Roxana Pinto, tuve la oportunidad de escuchar las ideas de don Sergio Ramírez acerca de una novela sobre Yolanda. Aparte de la seriedad con que él, siendo un señor escritor, podría abordar un proyecto como éste, pude ver en sus ojos esa inquietud que despierta la admiración hacia nuestra escritora cuando es genuina, la pasión que provocan su palabra y su historia cuando se conocen sin la intención del provecho propio.

Joaquín García Monge con Yolanda, en el extremo derecho superior.

 

Desde esa noche no he dejado de esperar la ansiada novela, con la curiosidad devorante de un fanático confeso de Yolanda y su obra, con la angustia de que algún personaje sin talento se atreviera a publicar antes algo para la satisfacción de su yo y no del Y.O. de Yolanda Oreamuno, deshonrando su memoria.

Dichosamente, La Fugitiva hoy es una realidad y la obra maestra que ansiábamos los auto-proclamados (sin pretensión alguna) “guardianes” del legado de Yolanda.  En las voces de tres mujeres, muy distintas y muy parecidas en su objeto del afecto, que es la escritora, don Sergio asume, con valentía y señorío, el reto de despojar a la mujer de los mitos que en torno a ella se tejieron con agujas que a veces hasta ella misma enhebró.  El resultado es una voz cada vez más cercana, más humana de Yolanda, que parece regresar de cuando en cuando desde su exilio definitivo para manifestarse como una de los principales baluartes de la literatura nacional.

Luego de 78 años de que Yolanda expusiera sus medios para librar a la mujer costarricense de la frivolidad ambiente, y tras 55 años de su muerte, Sergio Ramírez rescata a la escritora de esa misma frivolidad, que, ayudada por egos desmesurados y una inmensa indiferencia, mantuvo cautivas obra y figura de esta eterna fugitiva y enemiga de la superficialidad.

-Alfredo González, Periodista-

Hace unos sábados tuve un muy esperado reencuentro romántico con San José, ¿y qué no hay de romántico en codearme con decenas de transeúntes, que reclaman conmigo el derecho de caminar de arriba abajo,por las calles saturadas de la avenida central?

Este caos es apasionante sin duda. Desde las instancias más formales (como las academias y  universidades), hasta los espacios más informales (en esas tertulias en las sodas o las caminatas por las avenidas), la cotidianidad de San José se ha analizado y diseccionado por diversas razones. En esta ocasión nos sentamos a conversar con Mariela Richmond y Roxana Avila del Teatro Abya Yala, cuyo staff multidisciplinario fue conquistado recientemente, por las mismas razones que a tantos de nosotros nos fascina la capital con sus bondades y atrocidades.

      Balagán es el fruto de la relación íntima que han establecido los artistas de Abya Yala con la capital josefina, en los últimos meses de incansable trabajo. El elenco se compone por: Andrea Gómez, Grettel Méndez, Valentina Marenco, Micaela Piedra, Oscar González, Liliana Biamonte, Maitén Silva, Aysha Morales, Monserrat Montero, Mariela Richmond, Maria Luisa Garita, Anabelle Contreras,Marco Naranjo, Carlos Castro, Laura Pacheco, Cesar Maurel y Ana Paula Montes, contando con la dirección de David Korish y Roxana Avila. A continuación les contamos más sobre el proyecto, el cual será mostrado el 11 de Noviembre del 2011 (11-11-11).

¿Qué es Balagán?

Roxana Avila: Cada año en el Teatro Abya Yala nos preguntamos que queremos hacer el siguiente año y planeamos acorde. El año pasado los deseos eran tan diversos que no había una obra de teatro en la que ‘cupieran todas las ideas’, asi que decidimos que un balagán era lo mejor. El balagán es una forma artística del siglo XVII en Europa donde había una tarima de madera donde se podía presentar lo que fuese (también se asociaba con un segundo piso de una casa de madera con balcón para mostrar desde ahí—tipo Teatro de variedades o de “revista”). Como Balagán también significa en ruso, turco, persa, yiddish, polaco, desorden, caos, alboroto, desastre, pensamos que el tema del Balagán podía ser la ciudad de San José. Hablamos de algo que nos es cercano y lo cual casi no se toma como punto de partida para la creación.

Mariela Richmond:  La idea surgió a partir de necesidades colectivas de realizar investigación/acción en nuestra capital -lugar de flujo casi cotidiano-.
¿En qué consisten los 7 ejes temáticos sobre los cuales se levanta el proyecto Balagán?

Estos ejes son siete temas que los artistas se plantean sobre lo que es San José. Estos elementos se construyeron luego de meses de visitas e investigación en la capital.  Según Avila, estos ejes son como las rutas de los mapas de los medios de transporte (bus o tren o metro) pero cuyas estaciones corresponden a temas de la ciudad. Avila agrega que la idea es que el público se pueda pasear por cualquiera de las líneas o quedarse en una sola. La puesta en escena se ha configurado para que la gente se mueva por diferentes espacios, unos espacios de flujo y otros ‘quietos’ con sillas.

Las rutas son:

1. Porno-Arte-Amor- Lúdico- Sexo (LINEA PAALS)

2. Dinero
3. Religiosidades: católico, protestante, brujería, medios de comunicación
4. Político
5. Histórico-memoria histórica, monumentos
6. Nostalgia
7. Comida y lo kitsch

¿De qué maneras ha abordado Abya Yala esta investigación?

MR: Realizamos trabajo de campo en San José, con observaciones constantes, videos, fotografías, grabaciones. Estudiamos textos sobre investigaciones de la ciudad, consultamos algunas tesis al respecto, contamos con invitados expertos en distintas temáticas, entre otros. Todas éstas fuentes son necesarias para la construcción de partituras, de coreografías, de textos, así como la creación de las ambientaciones de los espacios, incluso de la misma gráfica.

RA: Cada integrante del proyecto ha estado produciendo ‘material sensible’: movimientos, canciones, dibujos, danzas, textos, etc. La inspiración proviene de todas esas fuentes, pero fundamentalmente de las experiencias de cada artistas. A partir de este material se ha ido construyendo la dramaturgia (la arquitectura de la pieza)

¿Qué rol tiene lo vocal en la propuesta?

MR: Lo vocal es una constante en el desarrollo del Balagán, es un hilo conductor. Por ejemplo al montarse en un bus hacia el mercado: si se abren bien los oídos es evidente que lo vocal es muy diverso, es continuo y disonante en muchas ocasiones.

RA: Vemos este Balagán como una ópera contemporánea por lo cual la voz y la música son la columna vertebral.

¿Porqué surge este interés en el Teatro Abya Yala? 

RA: Abya Yala es un conglomerado de artistas talentosos, creativos, propositivos con enorme habilidad de trabajar en grupo, y lo más importante, con una disposición para este tipo de experiencias exploratorias. No sé si en el mundo del teatro haya muchos espacios así; es un privilegio estar en este proceso porque todos aprendemos enormemente. Lo más interesante como siempre es el proceso, pero tratamos que el resultado sea significativo para los y las espectadores/as.

¿En qué etapa se encuentra el proyecto hoy día (Junio-Julio 2011)?

MR: Estamos construyendo material aún, dejando firmes algunos elementos que ya tienen forma. En el mes de Julio del 2011, tenemos un taller de voz y teatro aéreo intensivos, para darle cierre a la creación de material.

RA: Vamos por la 4ta propuesta de dramaturgia y seguiremos trabajando así hasta no dar con el espacio concreto que usaremos en Noviembre, porque la dramaturgia en este espectáculo no se puede separar del lugar donde acontecerá*.

*Tenemos buenas noticias para cerrar esta nota: Se anunció el Sábado pasado que el espectáculo ya tiene sede, pero aún no se va a revelar donde se hará la presentación.

En las siguientes semanas la gente de Abya Yala nos irá contando más detalles.  Mientras tanto aparte en su calendario el 11 del 11 del 2011 para ver el estreno de Balagán, no sería una buena idea perdérselo!!

-Sofía Vindas Solano-

Fotografías cortesía de Abya Yala

 

El pasado jueves 16 de Junio el MADC abrió las puertas a las 7pm, con el propósito de exhibir una pequeña muestra de lo que es la colección propia del Museo. Esa colección esta conformada por unas 40 obras de lenguajes variados como lo son el video- arte, la instalación, pintura, foto- novela, fotografía o arte objeto entre otros; el aporte conceptual de las obras es diverso, por lo que las lecturas y el análisis que se generan a partir de esta muestra, pueden (y según la curadora María José Chavarría fueron pensados para) ser múltiples.  La diversidad de los lenguajes así como la diversidad de los conceptos que ofrecen las obras, dejan abierto una multiplicidad de interacciones entre el espectador y el arte expuesto, convirtiéndose así la muestra en una exhibición heterogénea, con la posibilidad de dialogar sobre la producción artística centroamericana que ha recopilado el Museo, desde discursos múltiples, críticos y dinámicos.

Los diálogos que se plantean a partir de esta muestra, giran en torno a los temas de Geografías, Registros y Documento, de forma tal que se propone y se expone al público una lectura fresca sobre la colección del Museo. La reflexión además se desliga del objetivo que tiene el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, de formar una colección que represente el desarrollo del arte contemporáneo tanto a nivel nacional como de Centroamérica y el Caribe, razón por la cual las obras que se tomaron en cuenta para esta muestra pertenecen a artistas como: Regina Galindo, Sila Chanto, Pedro Arrieta, Isabel Ruiz, Charles Ross, etc.

Ante la riqueza de las narraciones y las perspectivas que ofrecen las obras, lo más provechoso es que el Museo ha propuesto presentar esta muestra como exhibición permanente,  y cuya permanencia será de al menos seis meses aproximadamente (hasta Noviembre del 2011), esto con el propósito de poder continuar poniendo a disposición del público otras de las obras que han compilado, incluso quedando abierta la posibilidad de una rotación de obras.

A pesar de la tentación de hacer hincapié en algunas propuestas artísticas, que nosotros consideramos nuestras favoritas de la exposición (¡hay que admitirlo, es inevitable tener favoritos!), parece ser más interesante analizar los lineamientos que el Museo y Maria José Chavarría como curadora, le plantean al espectador de la muestra (Geografías, Registros y Documento). Estas tres líneas, los tres pies sobre los cuales se asienta la exposición, son a su vez los tres filtros a través de los cuáles plantear recorridos de reconocimiento y autocrítica de nuestra región. Al avanzar en la sección de “Geografías”, las obras lanzan impresiones concretas de lo que los artistas de esta sección relacionan con la geografía de nuestra región centroamericana: referencias marítimas, conchas, mar, arena; por otro lado mapas cartográficos antropomorfos; por otro lado sacos de gangoche para el café de exportación ahora vacíos del sagrado “grano de oro”,  llevan tatuados en su superficie el mapa de Costa Rica; en otra esquina el bosque lluvioso del trópico centroamericano se preserva en una especie de “animación suspendida” como testimonio a futuro de las riquezas naturales tácitas (no como la riqueza  producida por los sacos de café, por ejemplo). Sobre el montaje de esta última pieza todos tuvimos un mismo deseo: nos hubiera gustado ver colgada  la obra de manera tal, que el espectador pudiera caminar por entre las ramas suspendidas de este “bosque embotellado”.

En el pabellón de “Registros” tanto pintura, instalación como video manifiestan los rastros de huellas de diversas índoles: las huellas que dejó el Sol en el desierto entre México y USA, las huellas sangrientas que dejan los pies de Regina Galindo por las calles anónimas de la Historia de las masacres de su país (Guatemala), así como las huellas de las decenas de zapatos azules que se suspenden verticalmente en una pared: tacones, tenis, mocasines, sandalias, todos ellos herramientas diarias que vinculan a todo ser humano en su andanza, ya no solo cotidiana sino existencial. Los “Registros”  que proponen estas obras de alguna manera nos compelen a hacernos algunas preguntas, todas mediante lenguajes artísticos y propuestas estéticas muy diferentes, como por ejemplo: “¿Hacia dónde vamos, de dónde venimos?”

       En la sección de “Documento” (quizás la sala más ecléctica de la muestra), se registran desde recetas para el desamor hasta pañuelos blancos, que destilan sinuosas líneas de tinta negra, que a su vez gotean transparentes letras de dolor, sobre la historia de las guerras civiles de nuestra región y todas las perdidas humanas que dejaron a su paso.

En la pared contraria a donde se cuelgan las recetas para enmendar un corazón roto, se encuentra una foto- novela que plantea una irreverente reflexión gráfica, sobre la tensa e íntima relación entre artista y curador, la novela de manera sarcástica caricaturiza el proceso de digestión y propuesta de una obra.

La razón por la cual esta fue la sala que nos resulto más ecléctica, tiene que ver con las obras seleccionadas y su montaje; algo que nos pareció desconcertante (no necesariamente de manera negativa) por ejemplo es la colocación de los pañuelos que contenían Testimonios de lo que había sido el conflicto armado en Guatemala, por un lado junto a la foto- novela que planteaba una reflexión más lúdica, y por el otro junto a la receta para el desamor. Desconcertante, pero a su vez no sin intención pareciera ser, ya que ésta decisión de la curadora nos recuerda la idea que tiene la muestra, de generar múltiples y heterogéneos diálogos entre las obras.

Como recuento de la “geografía, registros y documento” de nuestro Arte Centroamericano y Caribeño, esta exposición verdaderamente estimula sensorial y racionalmente a quién la visita. Por tanto, seguiremos exhortando a todo aquél y toda aquella que tenga la oportunidad de acercarse a la sede del MADC (en el antiguo FANAL), para que disfrute de las ricas venas artísticas de la colección del Museo.

-Ericka Solano y Sofía Vindas-

Fotografías: Cortesía del MADC (acá se pueden ver otras fotografías de la expo)

   El pasado Miércoles 22 de Junio del 2011 se celebró la Muestra de Trabajos del curso de Diseño Escultórico I, en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica. Los participantes de la exposición fueron los estudiantes Jorge Centeno, Florencia Figueroa, Silvia Frutos, Kimberly González, Silvia Mata, Rosalía Ramírez, Andy Retana y Álvaro Valerio. Este tipo de exposición tiene como propósito, dar a conocer los distintos resultados que los estudiantes de escultura alcanzan a lo largo de su carrera.

Es realmente importante hablar de este tipo de muestras, ya que se convierten en una oportunidad para ver los procesos de crecimiento, así como los momentos intermedios en el proceso de aprendizaje de los artistas. Lo valioso es presenciar estas muestras como ejercicios en la formación de los participantes. Esta palabra no debe implicar que se le reste importancia a las obras expuestas, ya que se notan desde los retos que ciertos artistas tomaron, hasta intereses a un nivel temático que permiten ver los rastros distintivos de la manera de trabajar de cada uno de ellos. Lo que une a todos es el hecho de que cada uno de ellos debía realizar una figura humana, pero a partir de eso todo cambia.

Se eligieron y desarrollaron distintas temáticas, y algunos lograron resolver las de una manera bastante impresionante, en otros casos si se siente que falto un poco más de trabajo, o tal vez ni siquiera eso, tal vez si se completó la escultura, pero el resultado final no fue el mejor.

A mi parecer, algunas de las esculturas destacan mucho más que otras por distintas razones, la primera de ellas es la de Kimberly González que nos muestra a un personaje agarrado a un carrito de compras. El dramatismo de esta figura se da mucho a partir del tratamiento de la ropa, la fuerza de la mano con que agarra el carrito y un rompimiento del espacio que crea la artista al modelar uno de sus zapatos caído en el piso, saliéndose de la base de la escultura, y dando mucho más movimiento a todo el conjunto; el resultado fue realmente increíble.

Seguido a este trabajo esta la obra de Silvia Mata, a la que se le reconoce en su mayoría el reto que toma

Trabajo del escultor Andy Retana

al querer tratar la figura desde una posición tan compleja, una inmensa mujer agachada encima de una silla, donde el peso se concentra en sus piernas. Es a mi parecer la obra que más buscó complejidad con respecto a la forma, dando un resultado bastante bueno. Después nos encontramos con la figura de Rosalía Ramírez, que resulta bastante impresionante cuando hablamos de la temática, refiriéndonos a una temática común como lo es el embarazo, pero proyectándolo de una manera bastante particular. Es una obra que logra ser muy narrativa que capta un momento específico y confuso para la mujer, pegada a un mueble y concentrándose en su vientre, permitiéndonos recrear la escena anterior o posterior a esta. Es una escultura que lograr hablar fácilmente por sí sola.

Por último está la escultura de Andy Retana, que cuando uno se pone a observar cada uno de los elementos de  la escultura empieza a notar por lo menos ciertas bases temáticas de la obra. Nos muestra a un hombre entrado a la tercera edad con una copa de vino, utilizándolo para hablar de la vejez y la homosexualidad, dos temas de gran interés para el artista.

La exposición es bastante útil para dar a conocer a las nuevas generaciones de escultores que vienen creciendo, que presenciemos ejercicios que tienen algo en común y de estudio, es una muestra de lo que pueden lograr.

 

-Mauricio Oviedo Salazar-

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.